domingo, 16 de agosto de 2015

La herida

No importa cuánto duela:
hay que esculcar en la herida
para extirpar lo que la infecta.
Y cada vez que se escarba
la herida queda más limpia, sí,
pero también se hace más amplia.
Pronto ha de llegar el día
en que no quede ya nada
que a la herida y a mí nos distinga:
toda yo seré carne abierta,
sangre roja expuesta al mundo,
y aun ha de quedar algo dentro
que no sea hecho ni recuerdo
ensuciando dicha llaga.
Descubriremos ahí que soy infinita,
pues infinito es el polvo
que de mí proviene
y a mí vuelve y en mí termina
para enturbiar el humor negro
que del alma brota.
Yo soy la herida y la infección;
corte profundo, suciedad inmensa.
No ha de convertirme en cicatriz el tiempo:
si la herida es condición de vida,
solo la muerte puede cerrarla.

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